Mandatarios americanos, entre ellos Mauricio Macri, iniciaban esta noche en Lima la VIII Cumbre de las Américas, que prevé aprobar compromisos para combatir la corrupción y discutir la crisis en Venezuela pero que ha sufrido un serio menoscabo por la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de no asistir.

El esperado evento corre el riesgo de acabar en la irrelevancia ante la ausencia de Trump, quien había anunciado que vendría pero canceló sus planes esta misma semana y se convirtió en el primer mandatario de su país en desairar la única cita que cada tres años, y desde 1994, reúne a los mandatarios de las Américas. Al menos otros cinco presidentes a los que se aguardaba tampoco vendrán a Lima para una de las cumbres de las Américas de más bajo perfil en años, y la lista podría crecer.

El presidente cubano, Raúl Castro, tampoco estará, según adelantó una funcionaria de la Cancillería peruana en su condición de anfitriona.

La Casa Blanca justificó el faltazo de Trump y la cancelación del que hubiera sido su primer viaje a la región como presidente diciendo que quería coordinar la respuesta, probablemente militar, de Estados Unidos a Siria por un supuesto ataque con armas químicas denunciado esta semana en un enclave rebelde cerca de Damasco. Pero esa respuesta aún no se ha concretado, y la sensación predominante es que la decisión tuvo más que ver con el desinterés que ha mostrado el mandatario republicano en las cuestiones relativas a América Latina, a excepción de Venezuela.

Trump también ha despertado recelo en la región por su política comercial proteccionista y por su rechazo y hostilidad a la inmigración latinoamericana en su país. En otro paso en falso que evidenció la desconexión entre Estados Unidos y América Latina, la oficina del vicepresidente estadounidense, Mike Pence, quien reemplazará a Trump en Lima, informó ayer que Pence participaría hoy de una recepción y una cena de honor encabezado por el presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski.

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