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Se habló mucho en la previa del clásico. Tuvo más debate que análisis. Y finalmente el empate, un 0 a 0 bien marcado, terminó dándole cierta tranquilidad a los dos equipos que, en sus diferentes realidades, valoraron más no perder el partido que el lamento por los dos puntos perdidos.

Gimnasia, a quien peor le cayó la igualdad, dejó una imagen compacta en cuanto a la entrega y logró ponerle un freno a la sangría de derrotas, algo que tanto le duele al hincha cuando de clásicos se trata. Ya lejos de la pelea por el primer puesto, al menos plantó una bandera para lo que será el segundo semestre del año, con nuevo técnico y nuevas expectativas.

Y Estudiantes, que volvió a jugar con la presión que le puso Lanús por su triunfo en clásico, empezó a perder terreno en esa pelea por ser el mejor de la zona 2, pero sumó una unidad importante para lo que será la búsqueda del segundo objetivo, el segundo lugar que le dé la chance de jugar la próxima copa Libertadores. Y, de paso, su gente se retiró del Bosque con el sabor de haber superado otra batalla sin perder ante su clásico rival, contra quien no cae desde hace seis años y con el que perdió un partido en la última década.

El partido tuvo dos tiempos bien marcados. En el primero fue netamente superior Gimnasia, quien dominó la pelota y lastimó mucho.Las cosas cambiaron sustancialmente en el segundo tiempo. Estudiantes se paró más agresivo y con una idea ofensiva bien planteada para jugar de contragolpe. Tanto Carlos Auzqui , pero principalmente Ascacibar empezaron a ser importantes. Muy importantes.

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